Se giró. La lluvia repiqueteaba contra el asfalto, mojado desde hacía varias horas. Una lluvia de invierno que calaba, pero no era de suma importancia. El pelo pegado a las mejillas y la frente, y el vaho mariposeando.
Un buen día para decir adiós.
-Lo siento. Pero nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
miércoles, 28 de marzo de 2012
lunes, 23 de enero de 2012
Punto y aparte.
Me dijeron una vez que era más fácil sonreír que explicar por qué se está triste. Bien. Olviden esa chorrada. De pé a pá. Por completo, y háganselo mirar en el caso de que lo hayan dado por sentado en algún momento de sus vidas.
Tenemos músculos. Un precioso esqueleto que sostiene una masa de carne blanda y fofa. Le da forma. Es útil, según parece. Pero músculos. Movimientos voluntarios, involuntarios, o provocados.
Y cara.
Sobretodo cara. Otra chorrada, ¿verdad? Tan insípida como inútil. Pero ahí está. Suya, con rasgos característicos de cada uno.
¿Saben por qué es tan difícil sonreír cuando se está triste? Porque esos músculos, los faciales, se vuelven tirantes. Pesan, y evitan que las comisuras se muevan un milímetro a no ser que sea para hacerlas decaer cada vez más.
Por si fuera poco, las tripas escalan por todo el tronco, anudándose en la garganta, y la saliva deja de fluir. No puedes tragar, ni articular palabras a no ser que quieras que salga un gallo de lo más cuco.
Tu cara impide expresar lo que verdaderamente no se siente. A no ser que seas como aquel de la esquina, al que le piso un pie y sólo se limita a decir "¿Tienes fuego?"
Tenemos músculos. Un precioso esqueleto que sostiene una masa de carne blanda y fofa. Le da forma. Es útil, según parece. Pero músculos. Movimientos voluntarios, involuntarios, o provocados.
Y cara.
Sobretodo cara. Otra chorrada, ¿verdad? Tan insípida como inútil. Pero ahí está. Suya, con rasgos característicos de cada uno.
¿Saben por qué es tan difícil sonreír cuando se está triste? Porque esos músculos, los faciales, se vuelven tirantes. Pesan, y evitan que las comisuras se muevan un milímetro a no ser que sea para hacerlas decaer cada vez más.
Por si fuera poco, las tripas escalan por todo el tronco, anudándose en la garganta, y la saliva deja de fluir. No puedes tragar, ni articular palabras a no ser que quieras que salga un gallo de lo más cuco.
Tu cara impide expresar lo que verdaderamente no se siente. A no ser que seas como aquel de la esquina, al que le piso un pie y sólo se limita a decir "¿Tienes fuego?"
martes, 6 de diciembre de 2011
Una tras otra.
-Te lo prometo.
Entonces puedes hacer un sondeo de las veces que te han prometido algo, aunque fuera una hora, con minutos exactos, para ir a tomar una jarra de cerveza con los Zeppelin de fondo. Y fallan.
Banalidades que pueden paliarse con esa misma jarra de cerveza consumida por invitación ajena.
Y no pasa nada. Otra tarde derramándose en el cielo, hasta que se torna de azul oscuro, con salpicaduras blancas y que parpadean.
Y así una, tras otra, aunque el número de promesas cumplidas supere al de las que no.
No habría que darle demasiada importancia, excepto por un factor que altera totalmente toda clase de situaciones; en las que fallan, no constan banalidades.
Sino asuntos realmente personales, o que te tocan más los cojones.
Entonces, una espiral de revueltas físicas y narices sangrantes se tornan de color carmín, hasta que las gotas manchan el asfalto y los dientes se apilan en un rincón de la acera.
No sería algo digno de nombrar, si no fuera porque, en la mayoría de los casos, las promesas se quedan en el aire, desintegrándose junto con el hedor de la hipocresía.
Esto es lo que yo denomino una putada.
-Te lo prometo.
-Y una mierda. Estate ahí y punto.
Entonces puedes hacer un sondeo de las veces que te han prometido algo, aunque fuera una hora, con minutos exactos, para ir a tomar una jarra de cerveza con los Zeppelin de fondo. Y fallan.
Banalidades que pueden paliarse con esa misma jarra de cerveza consumida por invitación ajena.
Y no pasa nada. Otra tarde derramándose en el cielo, hasta que se torna de azul oscuro, con salpicaduras blancas y que parpadean.
Y así una, tras otra, aunque el número de promesas cumplidas supere al de las que no.
No habría que darle demasiada importancia, excepto por un factor que altera totalmente toda clase de situaciones; en las que fallan, no constan banalidades.
Sino asuntos realmente personales, o que te tocan más los cojones.
Entonces, una espiral de revueltas físicas y narices sangrantes se tornan de color carmín, hasta que las gotas manchan el asfalto y los dientes se apilan en un rincón de la acera.
No sería algo digno de nombrar, si no fuera porque, en la mayoría de los casos, las promesas se quedan en el aire, desintegrándose junto con el hedor de la hipocresía.
Esto es lo que yo denomino una putada.
-Te lo prometo.
-Y una mierda. Estate ahí y punto.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Y viceversa.
Algún día crecerás. Y volverás a querer ser un niño. Enterrarte en la arena de la playa. Chapotear en los charcos, mancharte la boca de chocolate y pintar con los dedos.
Lo sabes, lo sé.
Pero ya no podrás tocarme. Como a una mujer. Ni besarme, como lo haría un hombre. Ahí donde luces un voluptuosos escote, sólo habría dos pequeñas picaduras de avispa, que dicen llamarse 'pezones'.
Las curvas propias de las caderas desaparecerían, y serías una carretera en línea recta.
Pero chapotearías en los charcos, y pintarías con los dedos.
Y sabes perfectamente que lo echarías de menos. Seríamos de nuevo niños, nadando en una infancia imperturbable, llena de gominolas y nubes dulces. De esas rosas que te pringan las manos de azúcar glas.
Sin vello púbico. Ambos.
Pero ahora, disfrutemos de nuestra edad adulta, celebrémoslo con alcohol, cigarros, y sexo. Desenfrenado.
Así que.... ¿Niños?
-No. Todo está como debe estar. Es como tus tetas. Hechas para los pequeños, pero disfrutadas por los grandes.
Disfruta, pues.
Lo sabes, lo sé.
Pero ya no podrás tocarme. Como a una mujer. Ni besarme, como lo haría un hombre. Ahí donde luces un voluptuosos escote, sólo habría dos pequeñas picaduras de avispa, que dicen llamarse 'pezones'.
Las curvas propias de las caderas desaparecerían, y serías una carretera en línea recta.
Pero chapotearías en los charcos, y pintarías con los dedos.
Y sabes perfectamente que lo echarías de menos. Seríamos de nuevo niños, nadando en una infancia imperturbable, llena de gominolas y nubes dulces. De esas rosas que te pringan las manos de azúcar glas.
Sin vello púbico. Ambos.
Pero ahora, disfrutemos de nuestra edad adulta, celebrémoslo con alcohol, cigarros, y sexo. Desenfrenado.
Así que.... ¿Niños?
-No. Todo está como debe estar. Es como tus tetas. Hechas para los pequeños, pero disfrutadas por los grandes.
Disfruta, pues.
viernes, 4 de noviembre de 2011
Aplicación de la retórica en un monólogo doble.
A veces se olvida lo bien que se está sola. Lamiendo cada gota de saliva de la melancolía, y respirando el perfume de la nostalgia. Todo, a su vez, cuando miras la ventana y llueve. Choca contra la cera, erosiona la piedra, y es un buen corrosivo para la alegría.
Un perfecto corrosivo, diría yo. Y me lo reafirmas, cuando tragas cúmulos de palabras hechas nudos, antes de silenciarte y bajar la vista. Pero aunque tú la bajes, te sigo viendo, lucero.
Los engranajes de tu materia gris sólo se ponen en un funcionamiento cuando tu vista no se empotra contra el monitor de un ordenador. O una pared bicolor. Sino cuando ni siquiera alcanzas a ver el horizonte entre tanto cemento, moldeado como edificios.
Y con el gris bañando la ciudad, y la lluvia dándole ese frescor, y ese olor a humedad.
Estabas bien sola, ¿verdad?
Y los coches seguirán parados en los atascos. Se te seguirá escapando el autobús, y llamarás 'hijo de puta' al conductor por no haberte abierto la puerta. Olvidarás las llaves. Pisarás un charco, mojándote los calcetines, chapoteando dentro del zapato. Volverás a golpearte el dedo meñique del pie cuando corres por tu casa contra algún mueble.
Pero no aprecias el estar sola.
-¿Sabes por qué no? Porque me gusta sentir un brazo alrededor de los hombros, y una caricia en el pelo. Por eso, me gusta estar sola. Y por lo mismo, no lo estoy.
-Explícate.
-Me gusta tanto estar sola, que no voy a estarlo. Porque lo otro me gusta aun más.
Crece, quiere, olvida, y disfruta.
miércoles, 19 de octubre de 2011
Palabras sin sentido en un cúmulo de circunstancias que hacen que esto, sea esto.
Apesto a alcohol y a fracaso desde lejos. Bien lejos del resto del mundo, como si la misoginia se apoderase de un hemisferio de mi cerebro, mientras mi materia gris sufre convulsiones. Y escupe espuma. Grita, gimotea, delira, y muere.
La misantropía no pulula cerca de la orden del día, pero tampoco queda demasiado atrás. Sabe cómo juegó, cómo juegas. Y cómo jugamos.
Puede parecer narcisismo, y seguramente lo sea. Por lo que la maldita poligamia debería ser agua pasada.
La poesía abandonó la esencia sustancial cuando más la necesitaba, por el mero hecho de ser un temario demasiado visto. Amor, tristeza, soledad.... Díganme, mis pequeños Drugos, ¿dónde dejamos el alcohol, las mentiras y la zona desmilitarizada de Corea?
Reverte se lo quedó todo.
Probablemente el que tenga más, presuma de sus posesiones, y el que menos, se pondrá verde de la envidia. Pero como dijo una bola de cristal con truco, "el cielo es mucho más azul después de estar nublado".
No hay ninguna referencia con sentido, pero tampoco ninguna verdad a medias. Sólo palabras al azar, mientras el cigarro se consume y dibuja notas musicales con el humo.
Algo digno de ver, pero únicamente se sabe apreciar cuando los párpados caen por su propio peso, y la espalda se tensa del cansancio.
Así que adiós. Voy a follar con Morfeo.
La misantropía no pulula cerca de la orden del día, pero tampoco queda demasiado atrás. Sabe cómo juegó, cómo juegas. Y cómo jugamos.
Puede parecer narcisismo, y seguramente lo sea. Por lo que la maldita poligamia debería ser agua pasada.
La poesía abandonó la esencia sustancial cuando más la necesitaba, por el mero hecho de ser un temario demasiado visto. Amor, tristeza, soledad.... Díganme, mis pequeños Drugos, ¿dónde dejamos el alcohol, las mentiras y la zona desmilitarizada de Corea?
Reverte se lo quedó todo.
Probablemente el que tenga más, presuma de sus posesiones, y el que menos, se pondrá verde de la envidia. Pero como dijo una bola de cristal con truco, "el cielo es mucho más azul después de estar nublado".
No hay ninguna referencia con sentido, pero tampoco ninguna verdad a medias. Sólo palabras al azar, mientras el cigarro se consume y dibuja notas musicales con el humo.
Algo digno de ver, pero únicamente se sabe apreciar cuando los párpados caen por su propio peso, y la espalda se tensa del cansancio.
Así que adiós. Voy a follar con Morfeo.
domingo, 16 de octubre de 2011
Infinitas muestras de veneno.
-Si me mordiera la lengua me moriría. ¿Sabes por qué?
-¿Por qué?
-Porque me envenenaría a mí misma. ¿Lo entiendes?
-No. No lo entiendo.
-Mejor. Y que dure.
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